Por: Lic. Leonel Soberanis
CONA Guatemala

Toda persona que en verdad ama a Dios y anhela ser su seguidor, que está en el proceso de conocer, entender y poner en práctica lo que dice la Biblia, periódicamente se enfrentará a sí mismo, a su mentalidad, estilo de vida, a cosas que tiende a hacer, tendrá que tomar la decisión obedecer o no, a Dios. Él ha establecido en Su Palabra las instrucciones sobre cómo pensar, ser y hacer para todos los que le aman y que por ende le quieren obedecer. Su consejo es: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” Efesios 4:22-24.

Es cierto que en nuestra vida hemos hecho cosas buenas y malas, a veces, muy buenas o muy malas, sin embargo, Dios que conoce nuestras debilidades (“Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo” Salmo 103:14 ), anhela, espera y nos quiere ayudar a que vivamos de tal manera que le honremos y glorifiquemos en todo lo que decimos, pensamos y hacemos.

La verdad, es que a veces tenemos un mal concepto de nosotros mismos, y lamentablemente, hasta tenemos el razonamiento para respaldar este concepto. Pero, por el otro lado, Dios tiene grandes planes para cada uno de nosotros, Él quiere que seamos sus representantes, que hablemos sobre lo que Él es y dice, y que manifestemos Su poder para beneficio de los demás, según la Escritura.

Por supuesto, conoce nuestra condición, y conoce nuestro corazón, Dios nos dice a través del apóstol Pablo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” 1ª Corintios 1:26-29

Si la intención de nuestro corazón es amar, honrar, glorificar y obedecer a Dios, no debiéramos caer víctimas de nuestra propia condenación, sino animarnos, entender que lo que debemos hacer es pedir perdón, devolver o pagar si es necesario, y luego pedir a Dios Su perdón y proseguir a la meta, como también el apóstol Pablo nos indica al hablar de sí mismo diciendo: “Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” Filipenses 3:13

Podemos decir que hay tres cosas importantes en el corazón de Dios, que no debemos olvidar, una y la más importante, que el usará todas las circunstancias, personas y cosas a nuestro alrededor, para que cada vez nos parezcamos más a Su Hijo Jesucristo, en nuestra manera de pensar, ser y hacer, y esto sucederá, cuando en medio de todo ello, pensemos, seamos y actuemos según lo indicado en Su Palabra.

Dos, esforzarnos por obedecer Su Palabra, la bendición integral de Dios llegará a cada uno de nosotros en lo personal, familiar, y al entorno en donde estemos; y tres, Dios quiere que seamos un canal de bendición en muchos sentidos, para todas las personas, ambientes y cosas con las que tenemos relación.

La Escritura dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan 10:10. Dios nos quiere bendecir a través de Jesucristo, pero el diablo que es el ladrón, quiere robarnos en todo sentido. Nuestra seguridad está en conocer la Palabra de Dios y ponerla en práctica, aun cuando las circunstancias, las cosas o las personas, nos sean contrarias, de esta forma se cumplirá lo que Santiago nos dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” Santiago 4:7.

El plan para cada uno de los seguidores de Cristo, de sus discípulos debe ser “proseguir a la meta”, esto es ser obedientes hasta el fin, no permitirnos desanimarnos, sino confiar en la misericordia y buenos planes de Dios para nosotros, siguiendo el consejo del escritor a los Hebreos cuando nos dice: “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” Hebreos 6:11-12 ¡DIOS FORTALÉCENOS PARA SEGUIR, HASTA EL FIN!